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Ene 2015

Conversar

Parece ser que es con el Homo Erectus cuando aparece el lenguaje, esta forma de interacción humana que favorece (o no) las relaciones interpersonales. Los elementos de la comunicación son sobradamente conocidos (emisor/a, receptor/a, canal, código, mensaje, contexto, marco de referencia…) y, a pesar de ello, comunicarse efectivamente es todo un reto.

Algo ya más complejo es conversar. La conversación deviene todo un arte en el que la naturalidad, la habilidad en la exposición de pensamientos y/o sentimientos, la capacidad de escuchar y la responsabilidad que cada persona asume en ella, la convierten en un acto totalmente creativo. Es un diálogo, a veces improvisado, otras no, que va más allá de la palabra en el que también intervienen elementos del lenguaje no verbal como la expresión facial, los gestos, las posturas, el tono y la modulación de voz, la atención, la intención, las creencias, las experiencias previas, etc. La congruencia entre todos estos elementos clave da como resultado una conversación eficaz.

Según Theodore Zeldin, conversar es descubrir qué tiene la otra persona en la cabeza, algo que a menudo ni ella misma sabe, y es la base de la relación humana. Cuando dos mentes se encuentran, no sólo intercambian hechos, se remodelan, cambian. Una descripción que ensalza, bajo mi punto de vista, este acto comunicativo entre personas.

Conversemos más y mejor, elijamos personas que nos generen confianza, hagámoslo presencialmente y desconectando el smartphone, apostemos por el intercambio honesto de pensamientos y sentimientos, escuchemos con la mente y, especialmente, con el corazón y hagamos de ese momento algo poderoso que nos enriquezca recíprocamente ya sea personal o profesionalmente.

¿Conversamos?